No todos los seres humanos vienen del mono, unos van al él.
Y digo esto porque es algo que día a día se ve más a menudo.
Por ejemplo, la gente que se deja influenciar por la televisión o por, algo que
es mucho peor, el tonto de la clase. Y sí, hablemos de él.
Pueden pasar años, siglos o milenios, pero por regla de tres
siempre, siempre, siempre meterán a un tonto de clase (ya nacen con ese mote
puesto) en la nuestra.
Yo intento alejarme de ellos. Pero me resulta imposible no
estudiar a estos fenómenos humanos. Y tras 17 años de estudios, he llegado a la
conclusión de que hay dos tipos de tonto de clase. Por un lado está el tonto de
clase que lo es de verdad, es decir, ese al que le preguntas: Oye, ¿1+1 cuánto
son? Y éste, alegre porque cree que lo sabe, te dice: ¡Puf! ¡Qué fácil! Son 8.
(Ahora que lo pienso no es un buen ejemplo porque si tú le preguntas cuánto es
1+1 tú también te conviertes en un poco lerdo…) Bueno, este tipo era el más
frecuente en los últimos años. Pero como bien sabemos, todo avanza. A veces
para bien, y otras como en este caso, para regular tirando para una mier…ya
sabéis. Y el que “avanzó” es el tonto de clase listo. Sí, sí…veréis.
-Tonto de clase listo: Dícese de aquella persona que saca
buena nota en los exámenes, que se integra en la sociedad, pero al que te
apetecería darle constantemente con un canto en los dientes. Y en todas las
clases hay uno. Si crees que no lo hay, preocúpate, puede que seas tú.
Éste hace gracias sin gracia, cree que mola (pero más bien
da penasco) y tiene una risa particular. Sí, esa risa que cuando la escuchas
piensas: Madre mía, ¿qué he hecho yo para merecerme esto? Karma, no seas cruel.
Bueno, hamijos midos, esta es la conclusión a la que yo he
llegado. Lo malo es que para poder llegar a ella he tenido que pasar mucho
tiempo con este tipo de personillas, y eso te afecta aunque no lo creas.
Porque, como todos sabemos, 1+1 son 8 y no 2 como dice la gente corriente.
Sus quiere, Naomi.
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